Edad Media. Época de castillos, batallas y grandes conquistas. El sueño del pequeño Ruy siempre ha sido aprender de su padre para convertirse en caballero y servir a ... Edad Media. Época de castillos, batallas y grandes conquistas. El sueño del pequeño Ruy siempre ha sido aprender de su padre para convertirse en caballero y servir al Rey. Pero todo cambia cuando el Rey de Castilla requiere los servicios de su padre en la corte y Ruy se ve obligado a trasladarse a vivir a un tranquilo monasterio. Sus travesuras e inventos constantes acabarán con la paciencia de los frailes. Ruy, armado de su imaginación, su espada de madera y su burra Peka, decide lanzarse en busca de aventuras.
A mediados del siglo XI, España estaba dividida en varios reinos enfrentados entre sí. En un pequeño pueblo castellano llamado Vivar, crece Ruy, un niño que sueña con llegar a se ... A mediados del siglo XI, España estaba dividida en varios reinos enfrentados entre sí. En un pequeño pueblo castellano llamado Vivar, crece Ruy, un niño que sueña con llegar a ser, como su padre, un heroico caballero al servicio del Rey. Ya desde niño, Ruy destaca como un chico valiente, fuerte y bueno con los débiles.
Cuando Diego Lainez, padre de Ruy, va a regresar a Vivar para encontrarse con su familia, García, Rey de Navarra, lanza un ataque contra Castilla. El caballero lucha junto al Rey Fernando, y derrotan a los navarros en la dura batalla de Atapuerca.
Mientras tanto, en Vivar, Ruy y su madre se han quedado solos: los dos hermanos mayores de nuestro protagonista se han marchado del pueblo para recuperarse de su mala salud. Una noche, Ruy sueña que un hada le anuncia que será un gran caballero.
Después de la batalla contra los navarros, el reino de Castilla llegó hasta las tierras de La Rioja y se convirtió en el primer reino de España.
Diego Lainez, el padre de nuestro protagonista, regresa por fin a Vivar. Hace años que no ve a su hijo Ruy que, al principio, tarda en reconocerle. Don Diego se muestra orgulloso ... Diego Lainez, el padre de nuestro protagonista, regresa por fin a Vivar. Hace años que no ve a su hijo Ruy que, al principio, tarda en reconocerle. Don Diego se muestra orgulloso del carácter valiente de su hijo menor. Sin embargo, pronto se presenta otro problema: Teresa, la madre, está enferma y agotada. Se ha ocupado ella sola de la casa y de sus hijos durante tanto tiempo, que se encuentra muy débil. Finalmente, Teresa se marcha con sus dos hijos mayores, que también se están recuperando en otro pueblo.
Ruy y su padre se quedan juntos en Vivar; es la ocasión para que el niño aprenda todo lo que debe saber un buen guerrero. Don Diego le enseña a pelear, a desenvolverse en la naturaleza y... a cocinar, algo imprescindible para un caballero de la corona. Ruy aprende rápido y siempre encuentra soluciones ingeniosas para los problemas.
Un día, Ruy ve llegar a unos soldados. Vienen a ver a Don Diego, le dicen que el rey de Castilla lo necesita en la Corte y, aunque Ruy insiste, su padre se niega a llevárselo con él. Dice que todo caballero debe saber leer y escribir. Así que Don Diego deja a su hijo al cuidado de los frailes del monasterio de San Pedro de Cardeña, que tratarán de inculcarle todos sus conocimientos.
Pronto, el pequeño Ruy recibe su primera misión en el monasterio: Fray Cirial le dice que se encargará de tocar las campanas. Sin embargo, a nuestro protagonista la vida monacal ... Pronto, el pequeño Ruy recibe su primera misión en el monasterio: Fray Cirial le dice que se encargará de tocar las campanas. Sin embargo, a nuestro protagonista la vida monacal no le atrae demasiado ya que es incapaz de permanecer meditando en silencio. Fray Jeremías, Fray Bamualdo y los demás frailes que le enseñan están desesperados con el niño, se han dado cuenta de que a Ruy lo único que le gusta es pelear contra enemigos imaginarios y fabricarse lanzas de madera. Y, cuando no piensa en ser caballero, lo único que hace son travesuras, como regar las flores con vino tinto para que se vuelvan rojas.
Un día, jugando, Ruy ve a dos hombres de aspecto sospechoso. Escucha su conversación y descubre que planean asaltar el monasterio esa misma noche. Ruy corre a avisar a los frailes, pero todos creen que se trata de otra de sus fantasías. Nuestro protagonista tendrá que hacer frente a los bandoleros con la sola ayuda de su ingenio. Ruy se hace con una túnica y con todas las ollas y cuchillos de la cocina y así consigue asustar a los bandoleros, que creen que un auténtico ejército de soldados ha llegado a proteger el monasterio. Los ladrones huyen y el monasterio está a salvo.
Sin embargo, los frailes, que no se han enterado de la historia de los bandoleros, y siguen creyendo que el robo de los cuchillos y las ollas de la cocina era otra travesura de Ruy, le castigan a fregar los pasillos del monasterio.
El pequeño Ruy sigue sin adaptarse a la vida en el monasterio de San Pedro de Cardeña. Su única diversión es jugar con la burra Peka, que le sigue en todas sus travesuras. Unos s ... El pequeño Ruy sigue sin adaptarse a la vida en el monasterio de San Pedro de Cardeña. Su única diversión es jugar con la burra Peka, que le sigue en todas sus travesuras. Unos soldados avisan a los frailes de que los bandidos de Abdul-Man han saqueado varios pueblos de la zona y cada vez están más cerca del monasterio. Los atemorizados frailes deciden establecer guardias para vigilar los alrededores, con la instrucción de que se toquen las campanas cuando se descubra a los ladrones.
Sin embargo, el plan de los frailes se encuentra con algún imprevisto, ya que Ruy, para proteger a Peka de la lluvia, la mete en la capilla. Fray Cirial y Fray Florencio escuchan los cascos de la burra y creen que ya han llegado los malvados hombres de Abdul-Man. Muy atemorizados, bajan a defender el monasterio armados con cuchillos de cocina. Afortunadamente para ellos, no son los bandidos. Se ríen aliviados al descubrir que se trataba de Peka.
La burra de Ruy también provoca un divertido incidente al interrumpir el canto de Fray Jeremías. El fraile se enfada y ordena al chico que se lleve a Peka a otro lugar. Pero el remedio es, esta vez, peor que la enfermedad. La traviesa burra comienza a tocar las campanas, alarmando no sólo a los frailes, sino también a los pastores y campesinos de la zona. Todos corren a refugiarse al monasterio creyendo que los bandidos están al llegar.
Cuando se descubre que ha sido una falsa alarma, el padre Prior vuelve a castigar a Ruy encerrándolo en un torreón durante una semana. Sin embargo, no hay castigo que impida que nuestro héroe se lo pase bien.
Ruy es incapaz de aburrirse, así que, incluso encerrado a pan y agua en un torreón, se inventa duelos con dos ratones, que, en esos momentos, son sus únicos compañeros. Mientras ... Ruy es incapaz de aburrirse, así que, incluso encerrado a pan y agua en un torreón, se inventa duelos con dos ratones, que, en esos momentos, son sus únicos compañeros. Mientras tanto, algunos frailes, sobre todo Amadeo y Cirial, sienten compasión por el castigado y piden permiso para mandarle algunos alimentos. Aunque el Padre Jeremías, prior del monasterio, les recuerda que el castigo es a pan y agua, los frailes no le hacen caso y suben los alimentos clandestinamente por medio de una cuerda y una canastilla.
Peka también echa de menos a Ruy y comienza a montar un estruendo. Nuestro intrépido joven, al ver triste a su burra, intenta descolgarse por la torre para jugar con ella. Sin embargo, Ruy se queda colgado a medio camino, corriendo mucho peligro. Pide ayuda y es rescatado por los frailes, que lo devuelven a su castigo en lo alto del torreón.
Cuando parecía que Ruy se estaba tranquilizando, organiza un nuevo lío con unos sacos de harina y judías, así que el Padre Jeremías decide que nuestro protagonista deje el monasterio y se vaya a vivir con sus tíos, la familia Rodríguez. Los frailes despiden con lágrimas en los ojos a Ruy, “el terremoto del monasterio”.
Los Rodríguez, tíos de Ruy, acogen a nuestro héroe cuando sale del monasterio. Aunque Juana y Tomás tienen bastante paciencia, Ruy también la pone a prueba con todo tipo de trave ... Los Rodríguez, tíos de Ruy, acogen a nuestro héroe cuando sale del monasterio. Aunque Juana y Tomás tienen bastante paciencia, Ruy también la pone a prueba con todo tipo de travesuras, como cuando se hace unas alas y se lanza desde un árbol agitándolas para volar como los pájaros.
Una mañana tiene una pequeña disputa con otro joven, que está pescando en el río y acaba tirándolo al agua. Cuando sus tíos le presentan a su primo Alvar, recién llegado, y Ruy descubre que se trata del pescador, se queda petrificado. Sin embargo, rápidamente los primos se hacen amigos: a los dos les gusta jugar a caballeros y soldados.
En uno de sus juegos se encuentran con otros muchachos del pueblo que han salido a buscar a Ordoño y otros ladrones del pueblo vecino. Ruy y Alvar deciden unirse a la expedición y consiguen dar su merecido a los ladrones y recuperar lo robado. Ruy, por su valentía, se ha erigido en jefe de la pandilla del pueblo. La prueba es que cuando decide entrar en la famosa Torre del Gigante, donde se rumorea que vive un fantasma, sólo Alvar se atreve a acompañarlo al interior del misterioso torreón.
Ruy y Alvar se adentran en la Torre del Gigante. Alvar no tiene muchas ganar de seguir con la expedición a ese castillo, que, según la tradición, está encantado. De pronto, ven q ... Ruy y Alvar se adentran en la Torre del Gigante. Alvar no tiene muchas ganar de seguir con la expedición a ese castillo, que, según la tradición, está encantado. De pronto, ven que alguien se mueve cerca de ellos. Al principio, aterrorizados, creen que es el fantasma de una niña. Pero se trata de una auténtica niña: es Jimena, la hija del Conde Lozano, que también ha ido a explorar la torre. Los tres niños siguen juntos y descubren a Baltasar y Almudafez, dos ladrones que están repartiéndose un tesoro que acaban de desenterrar en la torre.
Los ladrones escuchan un estornudo de Alvar y huyen corriendo, ya que ellos también creen en los espíritus. Salen tan despavoridos que se olvidan de las monedas de oro. Jimena, Ruy y Alvar se hacen con ellas y van a salir de la torre cuando... vuelven los dos bandidos a recuperar el tesoro. Baltasar y Almudafez persiguen a nuestros héroes, sorteando las piedras que éstos les lanzan y consiguen que los niños se queden aislados. Parece que van a ser capturados.
El Conde Lozano está preocupado por la ausencia de su hija y organiza su búsqueda. En la torre, a Ruy se le ocurre una gran idea para huir. Después de meterse en un barril, los tres niños se lanzan al río que corre junto a la torre, y así consiguen salir sanos y salvos. La fuerte corriente, sin embargo, se lleva las monedas de oro.
Mientras tanto, Almudafez y Baltasar han sido detenidos, acusados de secuestrar a Jimena. Pero pronto respiran aliviados ya que Jimena cuenta a su padre que no fue secuestrada, sino que se perdió. Tras conocer la verdad, el Conde Lozano libera a los dos granujas e invita a su castillo a los nuevos amigos de su hija.
Llega el día de la visita al castillo del Conde Lozano. Jimena va enseñando a Ruy y Alvar todas las dependencias de la fortaleza. A los dos primos les llama mucho la atención un ... Llega el día de la visita al castillo del Conde Lozano. Jimena va enseñando a Ruy y Alvar todas las dependencias de la fortaleza. A los dos primos les llama mucho la atención un pendón ganado por el Conde a los árabes. Después de insistir un poco, convencen a Jimena para sacarlo de la habitación y hacerlo ondear al viento desde lo alto de la torre. Pero el viento es tan fuerte que se lleva el pendón... y a Ruy y Alvar, cogidos a él. Los dos primos sobrevuelan el pueblo, dan sustos a los vecinos y acaban cayendo cerca de casa de sus tíos. Sin embargo, alguien muy especial ha contemplado a los chicos con el pendón árabe. Es el rey Fernando de Castilla, que cree que se trata de una incursión de los musulmanes. Aunque inmediatamente se aclara el malentendido, el rey recuerda a Ruy, hijo de su caballero Diego Laínez. Le extraña que nuestro protagonista fuera expulsado del monasterio de San Pedro de Cardeña y se encarga de que los frailes lo readmitan.
A Ruy no le hace ninguna ilusión esa idea, pero nadie discute la voluntad del monarca. Nuestro protagonista marcha a lomos de su burra Peka, sin despedirse de Alvar y Jimena, ya que no quiere verles llorar. Por el camino, Ruy habla a Peka y decide que no irá al monasterio sino que emprenderá un largo viaje en busca de aventuras.